La muerte de Julio Ricardo López Batista dejó de luto al periodismo deportivo argentino y reabrió el recuerdo de una figura muy valorada por colegas, futbolistas e hinchas. Tenía 87 años y, detrás de esa voz reconocible de la radio y la televisión, había una forma muy particular de ejercer el oficio: con sobriedad, respeto por los protagonistas, cuidado en el lenguaje y una mirada que nunca necesitó gritar para hacerse escuchar. Su popularidad creció al lado de José María Muñoz en Radio Rivadavia, pero su recorrido fue mucho más amplio y profundo.
El fútbol fue el deporte que más siguió y el que mejor lo identificó ante el gran público, aunque su vínculo con los medios venía de mucho antes. Hijo del periodista José López Pájaro, fundador del Círculo de Periodistas Deportivos, Julio Ricardo creció en un ambiente atravesado por la lectura, la discusión y la vida intelectual.
Antes de dedicarse de lleno al periodismo había elegido la docencia, se recibió muy joven y empezó a trabajar en escuelas primarias, hasta que en 1957 comenzó a dar sus primeros pasos en Noticias Gráficas. Desde ahí construyó una carrera larguísima que lo llevó por la radio, la televisión y coberturas que marcaron época.
A lo largo de su trayectoria compartió espacios con nombres centrales del medio y dejó una huella visible en programas, transmisiones y noticieros. Pero además sostuvo siempre un perfil propio, incluso cuando le tocó convivir con estilos más estridentes.
También tuvo una militancia y un paso por la función pública desde el peronismo, aunque eligió vivirlo con el mismo tono medido con el que se movía en los medios. “Sigo teniendo un compromiso personal con un mundo político y con un universo intelectual que a mí me importa, pero traté de no hacer ostentación de eso. No sé si alguien dejó de trabajar conmigo porque pensaba distinto a mí, pero yo siempre respeté a los que opinaban diferente”, resumió alguna vez.
En sus recuerdos aparecían con la misma naturalidad una gira de la selección argentina en los años 60, un accidente fatal en el Turismo Carretera, una reflexión sobre Menotti y Bilardo o una emoción íntima al descubrir en Galicia una placa con el nombre de su abuelo. Esa mezcla de memoria, cultura y sensibilidad lo volvió distinto. Nunca fue apenas un comentarista de partidos: era alguien que intentaba explicar el deporte dentro de algo más grande, con contexto, humanidad y distancia de las grietas fáciles.
Una voz respetada que entendía al deporte como un hecho cultural
Esa idea también quedó reflejada en algunas de sus definiciones más recordadas. “El deporte le está mostrando al mundo que es posible vivir en paz, de no vivir en guerra ni en grietas de manera permanente”, dijo cuando fue distinguido por la Legislatura porteña.